Otro trago de gloria

Fernando Alonso vuelve a ganar en Montmeló siete años después y recorta la desventaja con Raikkonen y Vettel, superado también por Massa

| 13/05/2013

 

Las gradas de Montmeló volvieron a rugir ayer como no se conoce en ningún otro escenario del «Circo», mientras los aficionados hacían la ola al impulso eléctrico del paso del Ferrari de Fernando Alonso. Siete años después de aquel maravilloso 2006, el del segundo título mundial, el piloto asturiano volvía a ganar en Barcelona. La marea que lo acompaña ya no es mayoritariamente azul como entonces sino roja, pero aunque cambien los colores no cambia el espíritu. Incondicional e ilusionada como entonces, como siempre, porque con Alonso todo es posible.

Sí, se puede. El grito de las hinchadas futboleras apelando a las remontadas lo han hecho suyos los seguidores del ovetense. Claro que se puede. Ayer, con ese nuevo trago de gloria que Alonso se daba en el podio barcelonés, rebajaba casi a la mitad la desventaja que tenía en la general sobre un Vettel que también tenía que rendirse al magnífico trabajo de Felipe Massa, tercero tras salir noveno en la parrilla. Ferrari firmó una carrera perfecta en su estrategia, y Alonso y Massa perfecta de ejecución, haciendo un bocadillo a un Raikkonen que alarga como nadie la vida de los Pirelli.

«Tenemos un buen ritmo de carrera, así que habrá que intentar tener una buena salida y ganar plazas», había advertido Alonso tras cerrar el sábado con la quinta plaza de la parrilla. No pudo ganar posiciones en la recta inicial ni en la primera frenada, pero se tiró a muerte en la enlazada de las curvas dos y tres. Por el exterior, jugándose el todo por el todo, daba cuenta el asturiano de un tirón de Raikkonen y Hamilton, porque una cosa es que la parrilla ya no tenga el valor de antaño y otra dar facilidades a los rivales.

Se formó entonces un primer grupito con Rosberg,Vettel y Alonso, que superaba al de Red Bull en el primer cambio de neumáticos y que poco después aprovechaba la larga recta de meta para finiquitar las aspiraciones del de MercedesMercedesMercedes. Rugen los motores de la F1, pero más rugía entonces la grada.

Alonso, líder, supo poner a su F128 en velocidad de crucero para ir ganando décimas a sus rivales.Sin prisa pero sin pausa, el asturiano iba acumulando un colchón con el que ejecutar el plan minuciosamente diseñado por Ferrari, cuatro cambios de neumáticos por los tres de Raikkonen. Clave aquella primera entrada adelantando una vuelta la de Vettel, a quien el ovetense ya no vería más en toda la carrera ni por el retrovisor.

Al Ferrari puede faltarle un puntín los sábados para estar en primera línea, pero es fuerte y robusto como ninguno los domingos en las manos de Alonso.El asturiano aplicó entonces el martillo para golpear a sus rivales; aprovechando el aire limpio que le otorgaba el liderato, mimando con manos de seda unos neumáticos que han traído una alegría inesperada a las carreras.

La amenaza fue Raikkonen y su constante Lotus, que viajaba con tres paradas en mente. Los pasos por el garaje para cambiar los neumáticos, la degradación de los propios o los ajenos, propiciaban los cambios en las posiciones de cabeza, pero bajo el denominador constante de la presencia de Alonso.

Tras realizar el cuarto y último cambio (vuelta 50) se incorporaba el asturiano a pista con 9 segundos sobre Raikkonen, 27 ante Massa y 40 respecto a Vettel. Se sabía ya ganador. Y lo sabía la grada, que celebraba cada pasada como una victoria. Ya no había que forzar sino conservar, y Alonso clavaba giro tras giro los tiempos de Kimi mientras Felipinho intentó una remontada final ante el finlandés que se antojaba improbable y que se confirmó imposible cuando sus neumáticos dijeron que no daban para más.

Felicidad en la grada, felicidad en Ferrari, felicidad de un Fernando Alonso exultante en el podio, paseando la bandera española ante Artur Mas; presumiendo de esa «Marca España» que en el deporte no tiene comparación en el mundo.

Se puede, claro que se puede ir por el tercer título. El F128 está preparado para el asalto y Alonso con él. Suma ya 32 victorias el asturiano, sólo por detrás de tres mitos como Schumacher, Prost y Senna. Y en la «pelousse» más barata un tipo que había rascado la hucha para ver ganar a Alonso lloraba de felicidad como Emilio Botín se emocionaba ante el podio. Rendidos ambos a la magia del ovetense.

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