Alonso se agarra a los Red Bull

El asturiano resiste ante el empuje de Vettel y Webber y sigue enganchado al Mundial tras acabar tercero en Suzuka con un coche inferior

| 11/10/2010

 

Como trasegar un vaso de mal sake, con la nariz tapada y los ojos cerrados, Fernando Alonso pasó el trago japonés como buenamente pudo, tratando de limitar daños. Fueron realmente pocos si se piensa que era para Ferrari la peor pista de las que faltan por visitar. Sigue segundo, ahora tres puntos más lejos del líder Webber (220) e igualado a 206 con Sebastian Vettel.

Venía Ferrari temeroso a Suzuka, con un botiquín lleno de vendas para las heridas y salió sin utilizar ni una gasa. Su caballo ganador se marchó sin lesiones del hipódromo nipón y todas las curas fueron para Felipe Massa, descarrilado en la primera curva y a un paso de perder hasta el sexto puesto en la general.

Alonso se hizo con una esquina del podio en medio del torbellino azul y presume de seguir enganchado al tren bala de Red Bull. Vettel y Webber cerraron el paréntesis que el asturiano abrió con sus victorias en Monza y Singapur. Volvieron por donde solían los coches de la bebida que da alas para no entregar la cuchara al de Ferrari y decir bien alto que quieren para ellos su primer título desde que están en la F1.

El problema es que no saben a cuál de sus dos pilotos le corresponde llevar la bandera y mientras eligen se van dejando por el camino puntos que pueden lamentar en Abu Dabi. El papel de la escudería, eso sí, impecable en la igualdad de trato, porque fácilmente podrían haber entregado la victoria a Webber en el paso por los garajes y lanzar al australiano aún más al frente de la clasificación.

Así que ganó Vettel (el preferido en el equipo) y se repitió con el champán en la mano una escena de frialdad que se está poniendo de moda en las carreras. Dos tipos de una misma escuadra que apenas se hablan y un ingeniero jefe (el brillantísimo Adrian Dewey) en medio de un estallido de egos enfrentados.

Con ellos estaba Alonso, a un lado, sereno, saludando con la mano en alto y con la calculadora en marcha ante las tres pruebas que le quedan para recortar la distancia que todavía le toma el australiano.

Sufrió el piloto de Oviedo para llegar a un lugar seguro. No durante la carrera, que fue muy tranquila para él, pero sí para encontrar su hueco en el pelotón. Una vez tercero, rodó sin problemas en tierra de nadie. Sin poder inquietar a Mark Webber, pero tranquilo con lo que le venía por detrás, ya fuera Button o Hamilton.

Pero antes de colocarse en su lugar, Alonso tuvo que aplicarse en la salida. El sistema de embrague del Ferrari falló –no es la primera vez que le sucede– y tuvo que improvisar un arranque a ciegas, sin conocer la posición correcta para un arranque sin sobresalto

Al F10 le cuesta mucho echar a rodar, perezoso cuando el semáforo se apaga, obligando al piloto a defender la posición con fiereza.

Mientras Vettel, Webber y Kubica se perdían camino de la primera revuelta, Jenson Button pretendió beneficiarse de las dudas del conductor asturiano con máquina italiana. El inglés ganó metros y llegó a superarle, pero el Ferrari no se dio por vencido y, caminando junto a la cuerda, cerró el paso gracias al mayor agarre en la zona interior de la pista. Era otra vez Button, que en Monza ya había complicado la carrera al ovetense al ganarle el hueco en los segundos iniciales.

Alonso resolvió bien esta vez y siguió por el retrovisor la escabechina en la parte trasera, que obligó incluso a aparecer al coche de seguridad. El Renault de Petrov se llevó por delante a Hulkenberg, con apenas doscientos metros recorridos. Segundos después, Massa salió despedido en la primera curva y, fuera de control, fulminó a Liuzzi.

Apareció el Mercedes de plata y bajo su presencia se fue Kubica al garete, porque un neumático mal apretado decidió que era el momento para irse de excursión. Al polaco, que rodaba tercero, se le escapó una bonita ocasión de luchar por el podio. Miel sobre hojuelas para Fernando Alonso, que entonces quedaba ya a rebufo de los dos Red Bull.

Cuando la carretera estuvo limpia, Vettel y Webber dejaron claro que la de ayer en Japón era su tarde y que Alonso no tendría nada que hacer más que conservar su preciado podio.

En el cambio de neumáticos, Button, que venía a la sombra del asturiano y con una extraña estrategia con gomas duras, terminó cediendo la cuarta posición a Hamilton. El inglés comenzó un tímido acoso que apenas duró un manojo de vueltas. Luego, para rematar su fin de semana negro, la caja de cambios cuyo estreno le había mandado a la mitad de la parrilla hizo desaparecer la tercera marcha.

Cayó con estrépito su ritmo, cedió a Button la posición y terminó quinto, para dejar a los McLaren muy tocados y fuera de la distancia equivalente a una victoria.

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