Sobre la chepa de los Red Bull

Zarpazo de Hamilton (1.º) y Alonso (2.º) al líder Vettel, en una carrera que el asturiano disputó hasta el final al inglés de McLaren

| 25/07/2011

 

Sin aliento acabó Fernando Alonso, igual que su coche, escuálido, seco de gasolina y obligado a detener el Ferrari en la cuneta y conservar el litro de rigor para el antidopaje de la Fórmula 1, que se hace siempre a los monoplazas y pocas veces a los pilotos. Sacó el pulgar del autoestop y paró su amigo Webber para recogerle. Subido al Red Bull llegó el asturiano a los vestuarios. Feliz porque en la pista también había estado por encima. Cuando se igualan las mecánicas aparecen los grandes pilotos. Y ayer fue la tarde de Hamilton y de Fernando Alonso, ahora que en la carrera tecnológica se han puesto las pilas en Woking (McLaren) y también en Maranello. Ganó el inglés tras una tarde perfecta y pegadito entró el español, que hasta el final soñó con la machada, después de salir desde la cuarta casilla de la parrilla.

A Ferrari sólo le queda la vía del riesgo esta temporada. Así que en la salida, en el punto de mira de Fernando Alonso sólo estaba Sebastian Vettel, incómodo ayer porque no tenía la pole y no pudo dibujar su carrera de manual: acelerón al principio, distancia de seguridad y tarde plácida camino de la bandera de cuadros. No. Ayer arrancaba tercero y tenía que sacar los codos. Por detrás, los coches rojos le prepararon la emboscada perfecta. Atacó Massa por un lado y Alonso por el otro. Con dos frentes que vigilar, el alemán descuido el interior y por allí pasó el piloto asturiano. Jugada perfecta y Vettel en la encrucijada, nervioso, incómodo porque ya casi había olvidado lo dura que es la pelea cuerpo a cuerpo.

Red Bull estaba contra las cuerdas en la salida porque Webber repitió su vicio de esta temporada, que es desperdiciar las poles. Tres ha tenido y tres veces le han pasado en el primer intercambio de golpes. Ayer fue Hamilton el que le tomó la delantera ya en la aceleración.

En un despiste de Alonso, Vettel recuperó su lugar, pero en la octava vuelta, el ovetense regresó a los puestos del podio. Y en la siguiente, el alemán perdió el coche y acabó fuera de la pista, con tanta suerte derrapando por la escapatoria que no cedió ni una sola posición. Pero ahí empezó a comprometer su carrera.

Hamilton, Webber y Alonso quedaron entonces elegidos para repartirse el podio. Vettel lo intentó retrasando la primera parada para reducir al mínimo la duración del último relevo con los neumáticos duros (mucho más lentos que el compuesto blando). Del marcaje al hombre se encargó Massa y cuando entraron por primera vez, los dos quedaron atrapados entre el tráfico.

El brasileño aguantó el acoso hasta el final. Exprimieron su último juego de gomas blandas y dejaron solamente una vuelta para los duros. Ahí fallaron los chicos de Ferrari en el cambio de neumáticos. Se enganchó una tuerca en la suerte suprema del cambio de ruedas y Vettel ganó una posición para que su peor tarde del año solamente le costase seis puntos de descuento con Alonso y trece con Hamilton.

Todo esto sucedía por detrás, al tiempo que tres pilotos decidían para quién iba a ser la victoria. Las miradas se iban al cielo porque el anuncio de lluvia era una amenaza que podía hacer cambiar la carrera.

Había chispeado cuando los coches reposaban en la parrilla y las nubes que cubrían Nürburgring eran de las que no invitan a fiarse. Pero el agua no apareció, para alivio de Ferrari que ya había comprobado en Canadá y en Silverstone que su coche se ahoga en el chaparrón.

Rodaban en el mismo segundo Hamilton, Webber y Alonso, y no cambiaron de posición con el primer paso por el garaje, aunque el inglés ya se había pegado en la recta con el australiano. Parecía una carrera de las antiguas, repleta de adelantamientos, con una lucha abierta por tirar del grupo y tres coches de diferente sello afilando los bordillos en busca de un hueco por donde colarse.

Rodó el trío en un pañuelo con la segunda parada como objetivo. Alonso disfrutó al final del relevo después de haber sufrido en la primera parte. Tras cada cambio de neumáticos, los tiempos del español subían de forma alarmante. Doce grados en la pista son demasiado pocos para su coche, acostumbrado a rendir a tope por encima de treinta, pero torpe cuando hay que abrigarse.

Aún así aguantó Alonso el ritmo de los dos de cabeza. Webber fue el primero que pidió el segundo cambio de ruedas y en la operación se le escurrió el liderato. Hamilton aguantó un giro más, mientras Alonso volaba con sus blandas en el momento dulce. Luego pasó junto a los mecánicos, que le hicieron un cambio perfecto.

Salió del carril unos cuantos metros por delante de Hamilton pero el McLaren venía lanzado por la recta y aprovechó su inercia y que Alonso salía temeroso con sus ruedas frías para robarle la primera posición. Webber había pasado de mandar en la carrera a ser el tercero de la fila. Mucho más atrás, Massa sudaba para contener a Vettel.

Iban a decidir la carrera los neumáticos duros, que esta vez era el compuesto intermedio de los cuatro que Pirelli ofrece en la Fórmula 1. Alonso aguardó a que Hamilton entrase a ponérselos. Era la única opción que tenía de acosar al inglés. Aprovechar sus dos vueltas finales con los blandos para compensar los dos segundos que tenía de desventaja. Dio un par de giros más pero no pudo sorprender al McLaren, lanzado a por su primera victoria de la temporada. La bala de plata que le quedaba a Webber tampoco le sirvió y el podio quedó entonces definido.

Vettel le robó la cartera a Massa en el último momento y cerró su primera crisis del año con daños menores. No está tan mal terminar cuarto un día que vivió acosado por los problemas en los frenos y con dos salidas de pista irrelevantes. Porque si la primera, la más espectacular, no le costó ni una posición, la segunda, cuando perseguía a Massa, le colocó frente a su coche una escapatoria perfecta que ni siquiera puso en riesgo al Red Bull haciéndole pisar fuera del asfalto.

Con un líder que le lleva 77 puntos al segundo (Webber), 82 al tercero (Hamilton) y 87 al cuarto (Alonso), la Fórmula 1 apura el calendario antes de las vacaciones y viaja directamente desde Alemania hasta Hungría para escribir el último capítulo preveraniego. Llega una pista de mucha carga aerodinámica, un paraíso para los Red Bull, que caminan por raíles mientras el resto sufre para mantener el coche en la línea correcta. En el fondo, los coches alados no tienen apenas que mirar a la pista porque se portan con solvencia en todo tipo de circunstancias. Pero McLaren y Ferrari ya les han enseñado las uñas y, con medio campeonato por disputar (nueve carreras) ya saben que no les queda margen para la especulación. Saldrán descamisados, como hicieron en Alemania, mientras observan cómo Red Bull puede jugar a la defensiva el resto del campeonato.

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