Red Bull parece haberse tomado muy en serio lo de ser el gran animador de la temporada. Tres años seguidos dominando el «Circo» no les han servido para calmarse, sino para que les crezcan los enanos. A cada Gran Premio una nueva polémica; en cada carrera un nuevo jaleo en el garaje energético.
Quien pensara que la rebeldía de Sebastian Vettel había tocado techo en Malasia se equivocó. Llegó a China y lanzó todo un órdago a la escudería al afirmar que no tendría inconveniente alguno en ignorar de nuevo las órdenes de equipo y atacar a su compañero. Y en vez de frenarle los pies, los chicos de Adrian Newey echan gasolina al fuego y se olvidan de echarla al monoplaza de MarkWebber, que se queda tirado sin poder llegar al garaje en la Q2. La F1 ha evolucionado mucho –aerodinámica, túnel del viento, simuladores...– pero los coches siguen necesitando gasolina para correr. Hasta el Red Bull. Pusieron poca y la sanción para Webber era inevitable: último de la parrilla. Puede que fuera un simple error, un fallo que puede tocarle a cualquiera pero que siempre le toca al australiano. Puede. Pero pocos pueden dejar de ver en ello la alargada sombra de Vettel...
Un Vettel, por cierto, que cambió a última hora de estrategia para afrontar la Q3. Tiró la calificación por la borda saliendo con neumáticos duros, como Button (McLaren), y aunque no pudo ni marcar tiempo ya que abortó su vuelta lanzada y hoy se lo jugará todo a la estrategia al hacer una primera tanda mucho más larga que la de sus rivales.
Hamilton, que dominó toda la sesión con autoridad, logró su primera pole con MercedesMercedesMercedes. Por detrás, Raikkonen (Lotus) y un Fernando Alonso (Ferrari) que aspira a todo. «Saliendo terceros hay una buena oportunidad de hacer una buena carrera», dijo. De remendar el fiasco de Malasia.
En la imagen,
Webber espera que un comisario lo lleve al garaje de Red Bull tras quedarse sin gasolina en la Q2.| reuters